Este libro fue escrito durante mi estadía en Valencia, España, donde cursé mi último cuatrimestre de la Universidad, entre septiembre de 2010 y enero de 2011. Tanto allí, como en los diferentes lugares que visité, experimenté vivencias y sentimientos únicos, de esos que marcan la vida de una persona y lo llevan a reflexionar sobre sí mismo y su relación con los demás. Si bien cuando llegué a Europa no había pensado en escribir un libro, con el paso de los meses acabó por convertirse en algo fundamental para mí.
Creo que fue mi madre la primera persona que me recomendó que escribiera un “diario de viaje”, en el que vaya contando lo que iba viviendo y aprendiendo en mi experiencia por Europa. Tres semanas después de haber llegado a Valencia, tomé la iniciativa y comencé a escribir. En un principio, no estaba del todo seguro del valor que podía tener este libro, de lo que podía significar tanto para mí como para mis seres queridos. Pero con el paso de las semanas descubrí el valor intrínseco que tiene el hecho de escribir, la posibilidad de reflexionar sobre lo vivido y, así, darle un nuevo sentido, poder incorporarlo como algo indisoluble de la experiencia personal.
Escribir me sirvió para que mis familiares, mi novia y parte de mis amigos se enteraran de todo lo que iba viviendo y experimentando. A medida que escribía cada capítulo, se los iba mandando vía e-mail. Pero más allá de permitir que otros supieran sobre mí, este libro me ayudó a conocerme más a mí mismo, a entender el significado profundo de aquellos sentimientos y sensaciones que me acompañaron. En última instancia, fue una suerte de terapia que me permitió sentirme más cerca de mis seres queridos y así atravesar con más esperanza la nostalgia de estar lejos de ellos. Sabía que tenía que aprovechar el viaje, que era una oportunidad única, y este libro acabó siendo la principal muestra de cómo lo disfruté “con conciencia”, de todo lo que aprendí.
Para los lectores, lo que busco con este libro es que puedan conocer mi experiencia y aplicarla a su vida personal. Que reflexionen sobre la importancia de vivir el “día a día”, de disfrutar de las pequeñas cosas, de aprender a aceptar lo que nos toca en lugar de estar constantemente esperando otras realidades. Podemos vivir cosas buenas o malas, pero tenemos el deber moral de reflexionar siempre sobre ellas. Porque la vida no está hecha para ser transitada, dejando que los días pasen, sino para ser vivida, buscándole su sentido existencial. Está en nosotros encontrar ese sentido. Yo creo haberlo encontrado, al menos en parte, en estos cuatro meses y medio en Europa.
Martín Lanza Cianchi
“Viajar es la experiencia de dejar de ser quien te esfuerzas en llegar a ser, para transformarte en aquello que eres”. (El viaje necesario para conocerse, Paulo Coelho, 1986) |